martes, 27 de mayo de 2014

Etapa 47 (289) Platja es Cavall d'en Borràs-Sant Francesc Xavier

Etapa 47 (289) 19 de julio de 2011, martes.
Platja Es Cavall d’en Borràs-Es Trucadors-Es Cavall d’en Borràs-Port de la Savina-Sant Francesc Xavier-Estany des Peix-Can Marroig-Torre de la Gavina-Cala Saona-Molins de sa Mirada-Sant Francesc Xavier.


Amanecer en la playa 
Es Cavall d’en Borràs
Me levanto a las 6:45 h y, sin bañarme, para las siete ya estoy en marcha hacia el Norte, hacia es Pas de s’Espalmador. Hay posidonia y el viento sopla de Ponent. El cielo está encapotado ¡y yo que pensaba caminar por aquí desnudo! Poco a poco, el cielo se irá abriendo y acabará el sol por romper las nubes. 

 


No he sacado foto del lugar en el que he dormido. Caminando por la playa, cuando ésta se acaba, paso al camino y veo de lejos el molino. Saco foto desde el final de la playa.

El Molí del Corregador
Paso por detrás del Molí des Corregador donde hay un bar que, a estas horas, no está abierto aún. Hay otro que dejo a la derecha, el Tanga, después paso por El Pirata y, finalmente, por el Juan y Andrea. Los aparcamientos están muy estructurados: para coches, para motos, para vehículos eléctricos… me parece demasiado compartimentado para una isla que fue símbolo de libertad. Demasiadas prohibiciones y anuncios de cosas que son de sentido común. Quizás sea debido a que en algún tiempo hubo mucho desmadre y ahora hay que recordar hasta lo obvio. Mientras el camino es de tierra se anda bien, pero cuando la tierra se ablanda y vuelve arena, el caminar se hace más penoso. Es mejor para avanzar pisar por las rocas o por las piedras sueltas, aunque para ello es mejor ir calzado. El viento continúa soplando de Ponent, por lo que luego intentaré baño a Llevant.

Platja de ses Illetes
Cuando paso el último chiringuito, saco foto hacia atrás, hacia la última loma. Junto al mar hay embarcaderos con lugares construidos en madera para guardar embarcaciones. Ya estoy en el inicio de la playa de ses Illetes. No veo islas cercanas, pero sí dos arcones para guardar útiles playeros, similares a la que he tenido a mi lado toda la noche. 
 

Siguiendo esta playa, que es de arena fina y donde sigue soplando el viento de Poniente, aparecen las esculturas de piedra sobre piedra, que tantas veces he visto a lo largo del camino, también vi muchas, como aquí, en la Cala San Pedro del Cabo de Gata. Al haber tantas y estar tan juntas, forman un conjunto armonioso perfectamente imbricado en el paisaje. Las rocas que están siendo azotadas por el mar, también tienen muchas aristas. 
 
La diferencia es que éstas las ha labrado la naturaleza y las otras las han montado los humanos. Aquí cumplen función estética, no señalan camino alguno. Si nos ponemos un poco negativos, también dan sensación de cementerio, como si los que las han hecho quisieran perpetuar su memoria con esas construcciones inútiles, tan inútiles como las lápidas. 
 

Pensando en positivo, resulta hasta divertido tratar de sostener una piedra sobre otra sin que, al poner la última, se caigan las primeras. En este sentido, no se diferencian mucho de las montañas de arena húmeda que van creciendo mediante churritos que acaban siendo gotas con sedimento de granitos de arena, que crecen, caen y se vuelven a levantar. Para mí tiene más gracia lo que yo hago, sin afán de perpetuarme, con la gracia de lo efímero. Lo más divertido es cuando la propia marea, al subir, se lleva, destruyendo, todo el trabajo del humano. 
 
Saco la segunda foto con el mismo tema y sigo en dirección a la punta de Es Trucadors. Según me voy acercando más hacia la punta más al Norte, se va volviendo más nítida la illa de s’Espalmador, con su faro y su torre, que es la que con más nitidez se ve. Mucho más al fondo y como más tenue, se ve Ibiza y, cuando camine por la tarde, acabaré observando mejor sa illa Vedra.

S’Espalmador desde Es Trucador
Llego al extremo norte, que es un estrecho brazo de arena y piedras. La bandera roja indica peligro y los signos indican que está prohibido remar y nadar para pasar a la isla del Espalmador. Yo no sé si la bandera roja es fija o cambiante, ni si hay días o momentos del día en que el paso es autorizado. En mi mapa está indicado el lugar por el que se puede pasar con línea lila discontinua que va desde la playa de ses Illetes a la illa de sa Torreta de Espalmador, pero es para ka-yak o caiac, que ambas grafías admite. Hay seis itinerarios para hacer con este tipo de embarcación de recreo a remos o palas. La línea marcada en lila coincide, en este momento de la marea, con la rompiente de la ola. Pareciera esto indicar que el momento sería propicio para hacerlo andando, como me dijeron los cuatro chavales de ayer por la noche, cuando me los encontré, que venían de aquí. Me acerco un poco más a la orilla para ver qué sensación me da el agua y, por la forma en que empuja la ola a la posidonia hacia la orilla, me da la sensación que está lo suficientemente brava como para no intentar el paso. A lo mejor, a lo largo de mi vida, todavía vuelvo a tener otra ocasión, pero en tierra soy más intrépido que en el mar. No va a pasar nada porque en este viaje a Formentera, no vea la illa de s’Espalmador. Hoy, el viento no ayuda.


Regreso y baño en platja de Llevant
Como en Es Trucador sopla el viento, retrocedo a un lugar donde tengo a elegir en una misma playa dos vertientes, a Poniente y a Levante. La de Ponent que es platja de ses Illetes, donde sopla el viento y la de Llevant que, como su nombre indica, da hacia el Este. Elijo este último lado, y avanzo un poco más hacia el Sur para estar más resguardado. La arenita es muy fina, me desnudo y me baño. Pero la primera impresión de la arena se vuelve espinas cuando, al entrar en el agua, lo que creía arena resulta ser roca, más o menos lisa, del mismo color, con socavones que parecen hechos a compás. Pasados los primeros obstáculos, se acaba la roca y el fondo vuelve a ser de arena. Como la limpieza del agua es tal y tan nítida, con fondos tan claros, el baño resulta delicioso. 
 
Cuando me estoy secando paseando por la orilla, e intentando ondear mi camiseta al viento para que se le vayan los malos olores del sudor acumulado tras tantos días sin pasar por pensión ni albergue, como veis en el dibujo, me encuentro con Antonio, un payés de la isla. Me dice que, hace unos años, una extranjera, intentando pasar de es Trucadors a s’Espalmador, se ahogó. La conversación versa sobre los hippies y la sociedad de consumo. Antonio tiene más de 70 años, tiene casa de payés. Tuvo muchas mujeres y lleva un tiempo solo y estudiando. “Estoy mejor así”, me dice. 

 Le preocupan que estemos tan controlados y está tan harto de que el Estado sepa lo que tiene cada uno a través de las cuentas bancarias que le dan ganas de esconder todo su dinero en casa. Me cuenta cómo la policía encontró mucho dinero en una casa y que procedía del narcotráfico. Le digo que, al que tiene poco dinero no le preocupa estar tan controlado. Si tuviera yo mucho dinero escondido en casa, no me podría ir de vacaciones y hacer un camino tan tranquilo como el que estoy haciendo ahora. Le cuento mi caso. 
 
Le digo que mi viaje es caro. Él me dice que compraría galletas y fruta. Yo le digo que eso me obligaría a ir más cargado, con más peso que el que ya llevo. Nos abrazamos y nos despedimos. Él tira hacia el Norte, hacia Es Trucadors y yo hacia el Sur. Al marchar saco foto de las dos playas, la de Ponent en la que me he bañado.

Ses Salines
Sin llegar a la platja de sa Roqueta, por el camí de sa Guía, me acerco a una zona de arena movida blanquecina, donde veo una lápida con una cruz que muy bien pudiera ser de la extranjera que se ahogó en el Paso. Luego me asomo a las salinas. No difieren mucho de las salinas que he ido viendo a lo largo de mi periplo vital, ni de las que seguiré viendo en Francia atlántica el próximo verano. 
 

Después de estar un rato viendo esta parte de la isla por la que no caminaré a lo largo de estos tres días, regreso hacia camino conocido. Voy con intención de darme otro baño en la playa donde he dormido, pero entre el viento y la posidonia, desisto. Avanzo por el camino hacia el Port de la Savina y me encuentro a un grupo de bañistas en otro hueco intermedio, algo más protegido si estuvieran tumbados pero, al estar de pie, es como muy evidente que el viento sopla. 
 
Se nota más en el cuerpo y el pelo de la chica que viste camisa blanca y bañador rojo. Una mujer que toma el sol tumbada lo hace vestida con pantalón largo. Ya habrá momentos mejores para darme otro baño. Paso cerca de entrantes de agua que alimentan las salinas. En el mismo lugar se aprecia también una posible cantera de extracción de piedra marina en bloques para la construcción. También pudieran ser para esculpir o para labrar. 
 

Un nuevo canal que también alimenta de agua la salina, pasa junto a una casa, en la que veo una lancha neumática que, por lo que parece, puede bogar por el mismo canal. No sé si esta casa se puede considerar casa de payés, normalmente se asocia más a casas de labranza, más de interior. Son más de las nueve y media y todavía no he llegado al Port de la Savina.

Hostal Bahía
Llego al puerto y pregunto por información. Como está cerrado, una chica de Balearia me dice que coja propaganda de consumo check verano 2011. Lo miro, y sirve para poco. ¡A ver si consigo mejor mapa en Sant Francesc Xavier. Regreso al Hostal Bahía y a las diez, desayuno donde tomé ayer noche la leche con nesquik. Hoy, con dos tónicas que bebo mientras escribo, el desayuno me costará 9,40 €. Como no lo apunté, no recuerdo lo que he comido. Estoy escribiendo hasta las doce. Salgo sin volver a información, por carretera hacia Sant Francesc. Hasta que no llego allí no me doy cuenta que tiene el nombre de mi santo patrón.
Sant Francesc Xavier
Es la capital de la isla. Desde el Port de la Savina, hasta la capital, se presenta una carretera recta ascendente suave. Al inicio, tanto a un lado como al otro, hay dos estanques. A mano derecha, está el Estany des Peix y a la izquierda, otro más grande, el Estany Pudent, hacia el que ya me he asomado hace un rato, cuando me he acercado a las salinas. Como no he hecho nunca la Javierada, esa marcha organizada al Castillo de Javier, en Navarra, tampoco siento gran emoción al llegar a esta pequeña capital de la isla que, más bien, es un pueblecito. Quizás al ser Formentera el colofón de mi viaje, venir aquí desde Ciutadella, de donde salí hace 47 días, pudiera compensar las Javieradas que nunca hice. Quizás la haga en alguna ocasión. “¿Tiene más sentido hacer el Camino a Santiago y no haber hecho la Javierada?”, me pregunto y yo mismo me respondo. Para ir a Javier, desde cualquier punto de Nafarroa, es imposible hacerlo por costa marina. Mientras Navarra, como antaño, no reconquiste la Fuenterrabía que perdió, la actual Hondarribia, se quedará sin salida al mar. A mi, al inicio de este caminar en 2006, me apeteció incorporarla en el itinerario y, tras hacer el primer tramo a pie entre Donapaleu y Donibane Garazi, salí a Saint Etienne de Baigorry, remonté las últimas estribaciones del Pirineo por Izpegi e hice mi itinerario navarro: Errazu, Bozate, Arizkun, Elbete, Elizondo, Irurita, Arraioz, Oronoz-Mugairi, Narbarte, Legasa, Doneztebe, Sunbilla, Lesaka, Bera de Bidasoa y Endarlatza. Es así como, en la 4ª etapa, pude llegar a dormir a Irun, a mi casita, y continuar ya el viaje por la costa hasta Portugal, pasando por Santiago. Tras esta digresión, volvamos a la capital de Formentera. La carretera no tiene arcén, así que tengo que ir muy atento a los vehículos que bajan en dirección al puerto de La Savina. Sabina era el nombre de mi madre y aquí, aunque como dicen los catalanes, ellos lo escriben con “b baja”, al escribirlo yo en mi diario, me sigue emocionando. Como no hay mucha distancia por la ruta, tardo lo justo en llegar. Me gusta su iglesia, tan peculiar, y es lo primero que fotografío al llegar. Lo que más sorprende de esta iglesia es que, a pesar de lo bien encalada que está su fachada, la de la puerta principal, y el resto que da a la plaza, los muros laterales están muy descuidados. Son de un gris pardo negruzco que demuestran desidia, dejadez, falta de mantenimiento. A veces lo que influye es la orientación y, las paredes al norte, son más húmedas y requieren otro tratamiento, ser rehabilitadas o hacer un encalado más a menudo. No entro dentro de la iglesia.

Hostal-Bar Centro
Nada más llegar he visto un restaurante que ofrece lentejas y, en la plaza de la iglesia, Plaza de la Constitución, veo un hostal que ofrece comida y habitaciones. Pone Bar Centro. Pregunto, y me dicen que hable con el jefe, que está ocupado en ese momento y me pide que espere cinco minutos. Cuando se libera, mira en una lista y me dice que tiene una habitación libre para esta noche pero, para dormir mañana, me dice que hay hospedada una chica que está indecisa, que no sabe si se va a quedar o no y que hasta mañana no lo puede saber. Voy a la habitación, la ocupo, lavo el pantalón, la camiseta y el calzoncillo que ya estaban impresentables. Me doy una ducha exquisita con agua fría. Ya se está convirtiendo en norma que el jabón lo debo de poner yo. Robo un poco de “Belle” que alguien dejó con un culín. Me cubro con la toalla blanca y vuelvo a mi habitación. Cuelgo la ropa mojada en el tendedero exterior pero, luego, una empleada del hostal, como no tiene espacio para tender sus trapos negros, me lo cambiará de sitio en las cuerdas.

Bon Temps
Ya vestido, afeitado y exultante de optimismo tras un baño que ya necesitaba tanto como el comer, voy a comer las lentejas de oferta (4 €) que están muy ricas y, como no he andado mucho, de es Cavall a es Trucadors y vuelta y, algo menos, hasta la capital, pido un gazpacho, que está casi tan espeso como un salmorejo y que está riquísimo, (2 €). Las lentejas están geniales, con cuatro pedazos de chorizo cocido, que habrían estado mejor menos cocinados. Con la cerveza (1,60 €), pago un total de 7,60 € en efectivo. A las dos y media saco foto de una locomotora que cumple la función de monumento escultórico, aunque no lo sea. No sé qué función desempeñó en vida este artefacto.

Pa i vi
Pido un gin tonic de Beefeater y me pongo a escribir señas a postales y escribo la mitad, once. Escribo a Aurel y Lena, que son las que van al extranjero y nueve más a territorio peninsular: Isidoro y Norbe, Salva, Lili y Pep, Abdu, Mari Luz, Joan, Orissa, Carmen Varas e Igone. Me quedan para escribir otras once y aún tendré que comprar más. Las escritas luego las echo en el buzón amarillo, que está próximo a la plaza de la iglesia. En Pa i vi, el lugar es tranquilo y me puedo concentrar en la escritura. A las 17:30 h salgo para hacer un recorrido que me ha recomendado la chica de Información y que figura en el mapa que me ha dado. Si esta mañana he hecho prácticamente todo el recorrido nº 4, ahora, por la tarde, haré parte del 2, parte del 1 y parte del 5, saliendo de Sant Francesc Xavier y volviendo al mismo lugar.

Un itinerario marcado, con variantes
Cuando le digo a la chica del hostal lo que quiero hacer esta tarde, pronostica que volveré al anochecer pero antes, para las nueve menos cuarto, ya estaré de regreso. Salgo de Sant Francesc por carretera. La camarera me ha dicho que, a 150 m de la gasolinera, coja camino a la izquierda hacia el Estany des Peix. 

 La circulación por la carretera es bastante distendida, no hay apenas vehículos, pero cuando me meto por el camino, antes de llegar al estanque, hay que tener cuidado en el lugar que te colocas para que el polvo que levantan los pocos coches que vienen y van no te ciegue la vista. Siempre hay que estar vigilante y comprobar de dónde sopla el viento. 
 



Estany des Peix: Itinerario 2 (del 2 al 6)
El estany también sirve como puerto de amarre. Hay varios barcos deportivos y, apenas veleros. Paso junto a gente que se baña en el estanque, pero no es un lugar con suficiente atractivo para mí. Sólo, en el caso de que hubiera llegado asfixiado, me habría bañado. Todos, incluidos los niños, se bañan con bañador. La arena está limpia y, probablemente, el agua se renueve desde alguna zona próxima al Port de la Savina, pero no tengo certeza de que esto ocurra y no deja de ser un estanque. 
 

También un chico que se ha alejado del grupo y está solo. Si hubiese estado desnudo, aunque seguiría siendo el mismo estanque con poco atractivo, a lo mejor me habría animado a cambiar impresiones y darme un baño. Después encuentro una mansión murada, con palmeras y, en esa zona, lo que viene siendo playa va cambiando de configuración, ahora es una mezcla entre playa y rocas. El camino sigue adelante, hacia el mar y, en el siguiente cruce trato de fijarme bien para hacer bien el regreso pero, como voy a continuar hacia el Sur y después al Este, no va a hacer falta que regrese por donde voy ahora. 
 
La última parte del estanque, ya va cogiendo otro cariz menos grato. La vegetación marina va cambiando, el firme va siendo menos firme, más fangoso y también más peligroso. Los pies se hunden con facilidad y el agua se va enturbiando. Es mejor no ir por la orilla y no correr riesgos innecesarios. El entorno ha pasado de ser puerto, a ser playa y con final en espacio propio de marisma. Probablemente, por esta razón, esta zona se haya declarado Parque Natural. ¿Anidarán aquí aves migratorias de paso?


Parque Natural de Can Marroig. 
Itinerario 1 (del 10 al 7)
Terminado el Estany des Peix aparece el Parque Natural de Can Marroig. El recorrido es circular y pequeño y yo sólo lo voy a hacer por su parte más exterior, más hacia la costa. Me encuentro con unos chicos que me orientan cómo llegar a la punta de la Gavina, donde también se ve una torre, a lo lejos, coincidente con el nº 7 que, en mi programa, va a ir descendente desde el 10 al 7.  


Ya en la costa, prácticamente desaparece la vegetación. La roca está muy vapuleada por el viento, la lluvia y demás fenómenos atmosféricos. Es un espacio muy agreste, casi horizontal, que configura un paisaje que a mí me agrada mucho. El viento sigue soplando de Poniente y empuja con fuerza las olas hacia esta parte de la costa que ya está totalmente al Oeste. Hasta que llegue a Cala Saona, el viento y las olas pegarán con la misma intensidad y como el acantilado se va volviendo cada vez más abrupto, las posibilidades de baño van a ser inexistentes.

Es Banc
En la primera foto que saco, ya en el acantilado, se puede comprobar lo que digo de la horizontalidad abigarrada de la roca. Una roca que sale hacia el mar, impide que pueda ver el Port de la Savina. Lo que se ve al fondo, en el horizonte marino, es el Sur de Ibiza pero no me atrevería a dictaminar qué es cada cosa que veo, puesto que no veo ni principio hacia el Oeste, ni final hacia el Este. Sería hablar por hablar. Sin embargo, en la segunda, lo que veo es ya más reconocible. Está la parte de Cubells y el recorrido que hice por el acantilado hasta la playa y cabo Llentrisca y, sobre todo, las más llamativas islas Es Vedra y es Vedranell. Es Vedra, desde Formentera, ofrece una imagen mucho más alargada que lo que me ofrecía de Cala d’Hort. Es también muy bonita desde aquí, pero no tiene el encanto y, sobre todo, le falta su cambiante sombrero, que me quito y que me pongo. 
 
Este comienzo costero, disfrutando en el recuerdo lo que vi desde Cala d’Hort, es un regalo que agradezco. Me acuerdo de Kim, de Aurora con tacones y su amiga Eva, de la rata… Una vez sacadas estas dos fotos que invitan a retroceder, a mirar hacia atrás, hacia Eivissa, continúo adelante, con fotos hacia el futuro. Esta zona se llama Es Banc, pero no tengo ni idea del por qué. 
 

¿Quizás por el acantilado rocoso que forma como un banco, hacia un pequeño cabo? Como se puede apreciar en la tercera foto, el acceso al mar es difícil y peligroso. Superado el pequeño cabo, un sendero se aproxima descendente hacia las rocas, pero tampoco será un lugar accesible y de fácil encuentro con el agua. Ya se empieza a ver la torre de la Gavina. Me acerco a la pirámide de piedras acumuladas a modo de escultura para sacar una foto de tres distancias. 
 
La más cercana, el polilitos, a media distancia, un puente natural en las rocas y, a lo lejos, la Torre de la Gavina, que ya habíamos visto en la anterior. Todavía en zona de Es Banc, y antes de llegar a la torre, se observan unas depresiones del terreno, que forman esta especie de socavones que no se aprecian hasta que uno no está encima de ellos. 


Pero aún falta el lugar más curioso, quizás el más caótico, que es una especie de embarcadero bastante desvencijado que, por el lugar de ubicación y su deterioro no sé qué función podrá cumplir en estos momentos. Pero a pesar de ello, el lugar me agrada, quizás por la imagen fantasmagórica que ofrece.

 
Punta y Torre de la Gavina
Cuando llego a la Punta de la Gavina, saco dos fotos a la Torre. No sé si esta torre está muy reconstruida o no, pero su rehabilitación me parece culminada en el punto exacto y necesario, pues no han reconstruido el balconcillo central que, cuando lo hacen, le da un aire de falsedad. Saco una foto según voy llegando y otra en primer plano. 


Lo más curioso de estas dos fotos es que, en la primera, parece que el matorral bajo llega hasta la propia construcción y que, cuando voy a sacar la segunda, he trabajado como un negro para, con la diferencia de un minuto entre la primera y la segunda, poder quitar este arbusto de raíz. Pasada la Punta de la Gavina, saco foto hacia atrás con una bonita roca-isla en el mar que parece una pirámide truncada invertida. Además no está sola, pues va acompañada. El sol, lejos del ocaso, aporta su reflejo en el mar.


Punta Negra
El acantilado entre puntas, Gavina y Negra, no deja de tener atractivo. Sigue siendo igual de inaccesible al mar, pero permite seguir haciendo un camino muy bonito por encima. Hay veces que camino sobre la roca directamente y otras en que el sendero está labrado en la propia roca. Sobre el acantilado, se empiezan a ver ya algunas casas. Cuando paso cerca de ellas, me da envidia. 
 

¡Cuántas posibilidades de poder estar desnudo al sol en tu propiedad sin que nadie te pueda decir nada! En la medida en que voy viendo al otro lado Punta Rasa, ya se va configurando una zona más protegida de los vientos que dará origen a Cala Saona, con su playa de arena. No adelantemos acontecimientos y disfrutemos de este bonito paisaje. 
 
Aunque falta un buen trecho para llegar a Cala Saona, desde Punta Negra ya podemos ver un yate y un velero de alto mástil fondeados en la cala. En la misma punta veo a un grupo de chavalillos que están jugando con fuego y están a punto de quemarse. El símil del fuego no es muy acertado, pero lo que quiero decir es que se están tirando al agua desde las rocas, el mar está bravío y, la ola rompe con fuerza contra el acantilado. 
 

Los chavales hablan francés. Quizás sean expertos y no corran peligro alguno, pero yo les hago una llamada de atención hacia el peligro que creo están corriendo. No creo que me hagan mucho caso, pero mi conciencia se queda más tranquila. Uno, exultante, se aparta de su grupo y, aparentando que no me ha visto, echa una alta y larga meada al mar. Él mismo se vanagloria de su potencia, como si el líquido en cascada fuera indicativo de su virilidad. Seguro que en Francia no se habría atrevido a hacer semejante machada. Más que por razones éticas o estéticas, por temor al castigo. Aquí, donde tenemos costumbres más liberales, se aprovechan haciendo lo que no harían en su país. Cuando les he llamado para indicarles el peligro que corren tirándose al agua y saliendo entre las rocas y el oleaje, uno me responde: “no entiendo”. La respuesta de siempre y me voy indignado: “¡Es vuestra salud, es vuestra vida!”, digo en voz alta y me marcho. Aunque seáis franceses, también me importáis. Ya he pasado Punta Negra. En un espacio intermedio entre Punta Negra y Cala Saona, me asomo al acantilado y veo sobre roca, alejada del embate de las olas, a una mujer que toma el sol desnuda. Si hubiera habido un buen acceso al agua para bañarme, habría tratado de bajar para hacerle compañía, aún a riesgo de que me hubiera tomado por un mirón o un aprovechado. El acceso que hay hacia el mar, que es muy malo, tiene además mucha posidonia. Podría tomar el sol, pero el baño sería entre un puré espeso y negro de algas. Veo que salen de la zona dos hombres con bañador. ¿Habrán estado desnudos con ella?

Cala Saona
Por el acantilado llego hasta asomarme a Cala Saona. Me habría gustado que hubiese estado menos habitada y poderme dar un baño tranquilo en el mar, pero lo que veo es lo que hay. Bajo a la playa y me acerco a la zona de los embarcaderos con el fin de ver si por allí hay alguna posibilidad de estar al sol y bañarme desnudo, pero el lugar no me agrada. Hay una piragua atravesada y veo dificultades para pasar; pareciera que está así puesta ex profeso para que nadie se anime a pasar. Si lo hago, de regreso voy a tener más dificultades, así que decido retroceder. 
 
La última parte de la playa soporta poca gente, pero está muy diseminada y no deja un margen como para que alguno no se sienta molesto si me desnudo y no me arriesgo. Voy por la parte de arriba, donde hay un chiringuito, me acerco a la explanada de la cima y me asomo sobre los techos del embarcadero y veo un pequeño dique, donde están pescando cuatro chavalillos. Sólo uno tiene lanzada su caña hacia el mar, pero hay dos cañas más, al menos. 
 
Una tumbada, junto a su dueño, otra vertical pero que me da la impresión de que el joven pescador ya la está recogiendo y el cuarto, cerca del agua, limpiando un gran recipiente plástico con agua marina. Forman un grupo muy dinámico para una bonita foto. No da la impresión de que hayan pescado mucho. Digo adiós a Illas Vedras y me acerco al chiringuito donde me tomo un botellín de cerveza que me cobran 3,10 € ¡Una pasada! La chica es de los países del Este, pero quien lleva la voz cantante es el dueño. Me la bebo, bajo a la playa y salgo por camino del fondo con intención de coger un tramo del itinerario nº 5, (completo, entre los 11 y el 1). Hay una variante que une el 5 con el 2 del estanque des Peix y en cuyo cruce me había fijado antes. Ahora este tramo es totalmente innecesario.

Regreso por recorrido nº 5 de interior. Mucho polvo
Hay una opción de carretera, pero no quiero coincidir con los que regresan de la playa o los que han pasado el día en el far de Barbaria, cuya carretera ya usaré mañana temprano. La intención no ha sido mala, pensando en que los coches iban a ir todos por la carretera, pero resulta que también van por el camino y el camí es polvoriento. En un momento me revelo contra la injusticia que cometen estos coches pues, cuando van a mucha velocidad levantan una gran polvareda. Me pongo en medio del camino, levanto los brazos y les obligo a reducir la velocidad. 

Uno de los frenados es un inglés (quizás fuera alemán pero me habla en inglés). Se enfada porque, según él, no va a mucha velocidad. Le digo que yo no tengo por qué tragarme su polvo. Insiste en que él iba despacio y yo erre que erre, que sí, que corría. Al final, me dice: “En Formentera todo es polvo” y se va. Se va, creo, menos airado que al inicio de la conversación.
Escultor caprichoso
Aprovechando una silla de terraza y una Vespa vieja, algún escultor ingenioso ha hecho, con unas maderas del tipo que ponen en algunas delimitaciones de terreno o como barandillas para asomarse en un mirador, dos esculturas que simulan un vigía amante del bebercio y una damisela en moto. 
 
El vigía parece que observa con prismáticos y está muy atento mirando algo que nosotros, en la distancia, no podemos ver. Aunque le hables y preguntes, no ceja en su empeño. Me ha resultado grato ver estas esculturas, han supuesto una variación en el paisaje.

Molins de sa Mirada
Muy cerca de Sant Francesc, veo de lejos un molino. En mi mapa ya me los anunciaban. 


En realidad no sé si hay varios, pero yo sólo veo uno, que fotografío desde tres posiciones diferentes. 
Una saco desde lejos y es imposible evitar un cable que lo atraviesa. Menos mal que lo he sacado desde la distancia pues, al llegar, las dificultades para que entre dentro del fotograma van a ser mayores y la foto se va a ir complicando. Ahí os presento las tres instantáneas. 
 
El molino es de seis aspas y no sé si el resto del día está o no en funcionamiento. Le faltan las velas de lona en las aspas para que pueda funcionar con el viento. En todas las fotos las aspas están siempre en la misma posición, prueba evidente de que no están funcionando. La parte de obra del molino, se ve que hace tiempo que no la encalan, puesto que hay bastantes chorretones de herrumbre que caen del tejado metálico oxidado y del gozne que une las aspas al molí. Abandonando el camí, el itinerario nº 5, entro a Sant Francesc por la zona de la iglesia.

Retorno a Sant Francesc Xavier
Al pasar por la iglesia saco otras dos fotos, que ya serán las últimas del día. Ahora, con luz de atardecer, confirma que sólo está recientemente encalada la fachada. Este lateral, que por la iluminación está a Poniente, muestra también chorretones negros y una pared con defectos graves en el enlucido. Confiemos en que no se caiga. Saco la segunda foto y me voy hacia el Centro. Al pasar, le digo a la chavalita del bar que luego le contaré las tres horas y cuarto que he invertido en hacer el recorrido que había previsto. 


Por las escaleras, me topo con la de pelito corto, que baja fumando algo que pienso  pueda ser un porrito, se lo comento y me responde que es tabaco de liar. “¡Qué más quisiera yo que fuera un porrito!”, me añade. “Mejor para tu salud, si no fumaras nada”, le respondo. Y ella continúa: “Peor es que pegue un hombre a una mujer”. “Que haya cafres en este mundo, no lo podemos evitar, pero atentar contra la propia salud sí”. Subo al piso en el momento en que Jose, mi vecino de habitación, de Cantabria, está saliendo de la ducha y entrando en su cuarto. ¡Momento idóneo para conversar en el pasillo! Luego coincidiremos en la terraza del Centro, cuando estoy cenando y se sentará conmigo mientras bebe una cerveza. No recuerdo en qué momento del día he comprado en Eroski fruta y líquidos. He pagado 3,35 € con Visa y tampoco ha funcionado el descuento.

Cena en el Centro. Jose el cántabro
Pido ensalada de atún con aceitunas negras, un par de huevos con bacón y dos cervezas San Miguel. Por dormir pago 30 € y por cenar 17 € y pago con Visa los 47 € finales. Cuando se sienta Jose, hablamos de algunas playas cántabras. Me dice que Covachos se estropeó el acceso y que ahora tiene una bajada casi imposible. Él solía ir allí, pero ahora prefiere Somocuevas, una playa en la que también disfruté y en la que había magníficos jugadores de pala y pelota. También le hablo de otra que me recuerda a la de Hendaia pero en el sentido inverso. A él le gusta menos esta porque el ambiente que crean los homosexuales resulta cargante. Un día en que él se había dormido, se le sentó un mariquita en su toalla. Le enfadó que lo hiciera sin su permiso. Jose es nudista, desempeña un cargo en UGT y está comprometido con el proyecto socialista. Tenemos mucha visión del mundo en común y estaría bien que mañana hiciéramos algún tramo juntos, pero está enrollado con una chica donostiarra que, cuando él ya se ha decidido a cenar una ensalada, le llama al móvil. A Jose le queda por pagar la estancia de seis días, aunque ya adelantó uno para reservar la habitación. Lleva varios años viniendo aquí de vacaciones, así que es de confianza. Jose está separado y tiene una niña de tres años, a la que ve periódicamente. Habla con la donostiarra. Ha estado con ella en la playa y, por respeto a ella que no es nudista, él tampoco se ha desnudado. Cree que si él se desnudara, a ella no le agradaría. Sin embargo ella insiste en llamarle. La de Donostia viaja en bicicleta y él en moto. Para venir ella a Sant Francesc en bici lo tiene complicado, sobre todo de noche. Él lo tiene más fácil en moto. Jose le dice que está conmigo y que es una pena que no nos conozcamos, pero acaba decidiendo ir con su moto a Es Pujols, que es donde ella pernocta. Hablo con Jose de la percepción que teníamos de cántabros y burgaleses en la mili, en el campamento de Araca y en el cuartel de Vitoria. Sin herir y con todo tipo de matices. No sé lo que me va a deparar el día de mañana. Vamos a la barra a pagar nuestras respectivas cuentas y me despido de Jose tras darle el acceso a mi blog. No conoceré a la donostiarra.

Anochecer en Sant Francesc Xavier
Me vuelvo a encontrar con la de pelito corto y me pide perdón por su exabrupto de antes. Su salida de tono. “Es que no me encuentro bien”, me dice. Cuando subo a dormir, la amiga me dice que está pasando una mala racha y ella le ayuda en lo que puede. No concreto con el jefe cómo dejar mañana equipaje y llave. Subo a la habitación y, tras la cena, no me apetece ducharme (me tentará de madrugada). Abro la ventana y dejo sin cerrar la puerta para que haga corriente y salga el calor. Sólo me levanto una vez a orinar en toda la noche. Ya he recogido la ropa seca. Ni me entero de si hay luna, ni Osa Mayor, pero sin colcha, sólo con la sabanita, duermo una plácida noche.

Balance de la primera jornada completa en Formentera
El día ha sido variado y ameno. Prácticamente la mañana la he empleado en recorrer la zona norte hacia es Trucadors, con buen baño y charla con payés. La seguridad de tener una cama donde dormir, también es aliciente, unido a la inseguridad de mañana. Ricas lentejas y gazpacho y bonito paseo combinando tres itinerarios 2-1-5. Recuperar Illas Vedras ha sido bonito. Lástima que Cala Saona no fuera más salvaje y hubiera podido hacer nudismo. Mal el polvo de los coches en el camino de regreso. Bien acompañado en la cena por Jose, el cántabro y lástima que le llamara la donostiarra. Si no, habríamos tenido más rato de charla. El diálogo con la del pelito corto a última hora, no ha dejado de tener su puntito, aunque ha sido casi un diálogo de besugos, a lo mejor lo que le he dicho sobre fumar no cae en saco roto. Me gusta Formentera.


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