miércoles, 28 de mayo de 2014

(291.4) Regreso a casa sin prisas y IV

(291.4) 24 de julio de 2011, domingo.
Castelló-Platgetes de Bellver-Ribera de Cabanes-Castelló.

Amanecer en casa de Arturo
Me despierto a las siete, tomo la pastilla, pero no me levanto hasta las 9:30 h. Oigo a Arturo en la cocina fregando lo de ayer noche y preparando los desayunos. Como dos rajas de melón que Arturo terminará por la noche. Le comento lo de oro-plata-mata. Luego leche con descafeinado y ensaimadas. Escribo el diario y postales. En Bellver seguiré con ellas. Las tengo que echar todas antes de que me vaya mañana. Las terminaré en la playa de Riberas de Cabanes. He recogido y plegado mi ropa seca y la he guardado ya en mi mochila, dejando sobre la silla la ropa que me pondré mañana. Hoy seguiré disfrazado de Arturo, con su ropa de prestado, aunque ayer eché dos manchas en el niki que, a pesar de restregar con jabón, no conseguí quitar.

Platgetes de Bellver
Aunque salimos tarde, conseguimos llegar a la playa para las doce del mediodía. Estaremos hora y media en las platgetes de Bellver. Tiempo más que suficiente. Allí está Toni, al que conocí el primer año que fui al balneario de Verche, el año en que me rompí el peroné. Me pide que le enseñe los dibujos y, mirándolos, pasamos un rato. Llega otro amigo que tiene psoriasis y dice que hoy en día hay medicamentos que la consiguen quitar, pero él prefiere la acción terapéutica del sol y otra terapia menos agresiva y que no dañe el hígado. Si la psoriasis no te produce picores, no interesa joderse el hígado por estética. Tiene un perro feísimo, pero se lo lleva otro hombre que va a pescar cangrejos. Los cangrejos más pequeños son los que más le gustan al perro. Cuando son grandes, anima al hombre a que los coja él. Poco a poco, todo el mundo se va yendo y nos despedimos de Toni quien, dentro de unos días, se va a ir a un bungalow con su mujer a la playa del Torn, al Camping del Templo del Sol, de tan buenos recuerdos para mí. Ya he estado varias veces y no creo que sean las últimas. Mañana la veré al pasar en tren y le digo que yo ya he dormido varias veces en aquella playa, comiendo y cenado en el Templo del Sol.

Comida en el Tere
Aunque es domingo, hay menos gente que la prevista. Llegamos a las 14:15 h y hay sitio de sobra. A última hora, casi está al completo. Sorprende no ver las colas de las otras veces que comí allí. Como sopa de pescado. No es como las que se hacen en el País Vasco, con mucha verdura y pan triturados, pero está muy rica. De segundo ossobuco con salsa, poco elaborada, que lleva guisantes, maíces, zanahoria y patatita panadera. No lo puedo terminar. Panacota flojita de postre y no tomamos café. Para no variar Arturo no me deja pagar.

Platja de Ribera de Cabanes
Bajamos directamente del Tere a la playa. Nos vamos a la zona Sur más Sur, un poco antes de que comiencen las piedras. Arturo dice, “Alfonso suele ponerse por aquí”. Probablemente ayer quedaron en que nos veríamos aquí, pero Alfonso no aparecerá en toda la tarde. 

 El día no ha quedado limpio y tendremos ratos de sol y ratos de nubes y sólo me doy un baño, aunque la entrada al agua es de arena, sin obstáculos y mejor que la de Bellver. Es más abierta también, pero tiene el inconveniente de que, por mucho que te adentres, no acaba de cubrir. ¡No presenta riesgo alguno! 

Arturo hace varios paseos y yo también me doy un paseo largo en las dos direcciones. Se ve cierto trasiego por la zona de piedras y por el fondo. El matrimonio que se ha puesto al lado, también estará dividido durante bastante tiempo, pues él continuamente se está yendo, paseando, por la orilla. Una pareja homosexual se toquetea y hace carantoñas. Amigos de Arturo le saludan al pasar. Son las ocho cuando nos volvemos a Castelló.

Últimas horas en Castelló
Arturo me deja su portátil y entro en mi correo. Aprovecho para leer y borrar mucho correo atrasado. La quedada del 23 en Sakoneta (Zumaia), a la que no he podido ir y prometen informar de las conclusiones del programa Izeba-Baketik-Diputación. También leo dos artículos del Foro Ciudadano Irunés y de la reunión del martes con los de Bildu local, con los que gobiernan en Diputación. El tema es la Residencia para Mayores de Arbes que el anterior gobierno del PNV prometió construir pero, al producirse el cambio de dirección política, por las últimas elecciones, aquél compromiso tomado por otros y la escasez de dinero por la crisis, quedó pospuesto. También iban a hablar de su modelo de Participación Ciudadana que, parece, es más próximo a lo que nosotros pretendemos y muy diferente al que se propone desde el gobierno local del PSE. También recibo del Berritzegune el acta de la última reunión. Hoy no lo leo, pero lo leeré. Borro los que leo y tienen poco interés y alguno que no tengo manera de poderlo leer. Suele depender del formato con que me los mandan. Entre ellos, alguno que me ha mandado Arturo. Me ha hecho mucha ilusión el correo que me ha mandado mi amiga Norbe, donde me relata la enfermedad de Jorge, felizmente restablecido. También me agrada recibir correo de los amigos hechos en este mismo viaje, la parejita de amigos que viven en Barrañán y que conocí en Cala en Porter (Menorca) y la de Amanda, la camarera del Capitán Cook de Maioris (Mallorca). Así termina mi diario, en lo que a contar se refiere, pues todavía mañana anotaré los últimos gastos de viaje, para completar la parte de contable que todavía pervive en mí. Billete Castelló-Tarragona (8,45 €), bocadillo y cerveza en L’Aldea-Amposta (4,50 €) y billete de autobús de Tarragona al Camp de Tarragona (1,50), para coger el tren que mañana me transportará a Irun. Teniendo en cuenta que algún gasto olvidé anotar y ya será irrecuperable, el total de gastos del viaje serán 2.806,45 € (1.610,19 con Visa y 1.196,26 en efectivo). Teniendo en cuenta la gran cantidad de noches que he dormido en la playa, el viaje no es nada barato.  

 
 













 

 Presentadas las cuentas, para que nadie sospeche que evadí capitales, os enseño las sandalias ya inservibles que tiré al llegar a casa. Ya las había sustituido en Sant Antoni de Portmany.

Cuando subo a la azotea de casa, encuentro mi planta como os la presento. Da pena verla, pero voy a conseguir que resucite.

El siguiente viaje os lo contaré en francés. ¡Qué más quisiera!

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