lunes, 5 de mayo de 2014

Etapa 30 (272) Cala Fornells-Sant Elm

Etapa 30 (272) 02 de julio de 2011, sábado.
Cala Fornells-Cap Andritxol-Camp de Mar-Port d’Andratx-Cap de la Mola-Port d’Andratx-s’Arracó -Sant Elm.

Amanecer en Cala Fornells
Me despierto a las seis, pero no me levanto hasta las seis y cuarto. Por la plataforma de cemento, voy desnudo hasta la playa y allí me doy un corto baño, me seco al aire y regreso y saco una foto de la hamaca que hoy ha sido mi cama asentada sobre el pedregal. 

 










Dos o tres personas ponen a punto un yate para navegar pero, cuando me voy de la playa, todavía no han soltado amarras. A las 6:30 h paso al hotel del concierto y el guarda de noche me comenta lo que ya dije ayer. Salgo al cruce e inicio carretera hacia Andratx.


Cap Andritxol. Manuel y Brassa
Entonces es cuando dudo de que me lleve al puerto y aparece un hombre en la cima que, en cuanto avanzo un poco para preguntarle, desaparece. De donde estoy, no es lo mismo ir a Andratx, que al Port d’Andratx, así que me voy fijando bien en todos los caminos que salen hacia la izquierda. Tengo la impresión de que el hombre se ha podido meter por el de más arriba. Cuando llego, me parece un buen camino, ancho, que me puede llevar a buen puerto. Avisto al hombre y le doy alcance. Es alemán y me confirma que voy bien para ir al Port d’Andratx. La conversación es imposible puesto que no sale de su “ja, ja”, que yo interpreto como “si, si”, es decir, que siga adelante. Cojo un camino largo que me lleva al mismo punto de confluencia que otro más corto que ha cogido él. Nos volvemos a saludar y en el siguiente cruce nos despedimos definitivamente. Voy ascendiendo por buen camino y me encuentro con Manuel y su perro Brassa. 
 
Me da claves para subir al cabo, me dice que tiene una torre interesante, cómo puedo bajar a Camp de Mar rodeando la mansión que fue de Claudia Schiffer. Manuel espera a unos amigos que vienen de Peguera. Llegan: un hombre, Miguel, una mujer, un joven y otro perro. Les dejo allí a los cuatro y sigo hacia la torre. 

 


Cuando llego al lugar, observo que está bastante bien conservada, especialmente el voladizo de la derecha y que debajo hay unas construcciones de piedra que, para una eventualidad, pudieran servir de refugio. 


Al igual que de la torre y los refugios, saco una foto panorámica hacia la bahía. En realidad la saco en cuatro secuencias que van de la siguiente manera: Peguera, Santa Ponça, Islas Malgrat y la cima del Cap Andritxol, hacia la que voy ascendiendo. 

 
Desciendo por el mismo camino y encuentro barreras que delimitan pero no impiden el paso. Siguiendo el camino, llego a avistar una gran ensenada marina que ya corresponde a Camp de Mar.

Camp de Mar. Claudia Schiffer
Me vuelvo a encontrar con el cuarteto. Me dicen que bajando por el camino a la derecha que tengo una vista muy bonita, pero no me apetece bajar para tener que volver al mismo lugar y tirar hacia el otro lado, así que desisto, me despido de ellos y continúo hacia Camp de Mar. Rodeo la casa que perteneció a Claudia Schiffer. La veo entre árboles y es de tonos rosados. 
 
No sé si la llegó a disfrutar mucho y se la vendió a un magnate, al menos, adinerado, ruso. Saco una foto de la casa, entre los pinos que la rodean, y otra de la zona más marina de Camp de Mar. Continuando el camino, vuelvo a fotografiar la casa que fue de Claudia desde otro ángulo, pero desde este segundo se aprecia menos su grandiosidad que en la primera foto. Demasiado grande para mujer


tan delgadita, al menos el actual propietario, comerá carne y será más gordito para justificar el tamaño de su compra. Desciendo por una cuesta abajo que no me permite continuar y tengo que retroceder. Me las veo y me las deseo para poder descender por caminos hacia la población costera que hace ya tiempo que estoy viendo. Finalmente, me salgo del camino y me dejo caer por una suave pendiente hasta la carretera que lleva a la costa de esta pequeña población.  

Morthimer
Ya en espacio firme me encuentro con Morthimer, irlandés, que está aquí con tres meses de vacaciones, pasa un mes en Irlanda y cuatro en Andorra y, el resto del tiempo transcurre volando por el mundo. Es él quien me dice que Claudia vendió su mansión a un carnicero ruso. 

 

También me muestra en el siguiente acantilado un hermoso edificio que era propiedad de Pegaso y que la vendió por un porrón de dinero. Me habla de millones de euros. Desciendo con él unas escaleras que nos llevan a la carretera que va a la costa. Al fondo a la derecha se ve más cerca el Cap des Llamp, al que no me acercaré. Asciendo unas escaleras con Morthimer, que sale todas las mañanas a dar una vuelta para bajar un poco su barriga. 
 

Hablamos de la crisis, del fracaso del sistema capitalista y de la sociedad de consumo que genera cada vez más diferencia social, de cómo la alternativa comunista fracasó sin haber existido pues lo que hubo en Rusia fue un estado totalitario del que se beneficiaron unos pocos, de la falta de poder de los ciudadanos conducidos por políticos que no legislan para controlar los desmanes de los capitalistas, cada vez más insaciables de dinero y ávidos de poder. Para mí lo peor es que muchos ciudadanos de a pie, si pudieran, actuarían de la misma manera. Le saco una foto en el otro lado, donde hay una pequeña playa de arena. Un islote al que se accede por una pasarela sobre el mar, acoge un restaurante o bar con terraza. Es temprano para desayunar y ni me acerco. Altas grúas indicativas de construcciones que pueden estar paradas. O no. No hablamos de los indignados porque llegamos a un lugar en que nos tenemos que despedir y yo cojo carretera hacia Port d’Andratx. 


Enseguida encuentro indicador de a 3 kilómetros. Una playa, ésta de cemento para tomar el sol en hamacas y con parasoles de vegetales secos, acaba en otra que es un pedregal.

Cala en Crane
Paso por el acantilado donde está el edificio que perteneció a Pegaso y por el que tantos euros se han pagado y lo fotografío. 
 

No sé si se trata sólo del edificio más próximo al mar o también los de arriba forman parte del mismo conjunto y entran en el mismo paquete. Saco otra foto con zoom, pero es peor e ilustra menos. 

 


Diez minutos más tarde llego a un indicador que pone Cala en Crane y me decido a ir a ver de qué re trata. 

No me importaría darme un baño en zona alejada de población para que sea el segundo de la mañana. Voy por el lateral de la casa Aigomarina, bajo por sus escaleras hasta una plataforma. Está a una altura adecuada para poder lanzarme al mar, pero han quitado las escaleras que me hubieran permitido salir de él. No sé si por la rabia de que no hayan dejado la escalera puesta y se la hayan llevado, o por qué otra razón más fisiológica, el caso es que me da un apretón repentino y, por no ensuciar ese lugar de uso, me aferro a la plataforma y asomo el culo al mar: “¡comidita pa los peces!”, me digo. Espero que se la coman toda y no contamine de fecales el lugar. La consistencia ligera, hace que todo vaya rápidamente hacia el fondo. Así colaboro a que coman también los cangrejos. Desde Cala en Crane estoy muy cerca de la casa Pegaso. Ya más ligero de equipaje, subo de nuevo las escaleras y vuelvo a salir a la carretera. Al fondo de esta bahía de Es Camp de Mar, voy dejando atrás el Cap Andritxol. 
 

Saco una foto hacia el Norte, donde ya se van acercando las altas cimas de la Serra de Tramuntana. Iré un rato por carretera y, entre arbolado, empiezo a avistar el Port d’Andratx. Saco una foto panorámica. Encuentro a un chico que está adquiriendo conciencia ecológica e intenta reciclar. 



Se ve que no tiene muy claro dónde echar las cosas y le oriento según mi conocimiento y las normas que me han transmitido desde Aguas de Txingudi que es el consorcio que controla las basuras, el reciclaje, la calidad del agua, el alcantarilado y la depuradora. Lo hace para la cuenca del Bidasoa: Hondarribia e Irun. Volvamos con el chaval. La basura no reciclable la debe echar en un contenedor que está más abajo. Lleva botellas de plástico, mezcladas con otras de vidrio y las separamos. Va a echar una copa rota de cristal al vidrio y le digo que no, que la debe echar a la basura, pues vidrio y cristal no son la misma cosa, al menos así me lo enseñaron. Me despido del muchacho, al que espero haber enseñado bien, y me voy acercando al Port d’Andratx.

Port d’Andratx
Enseguida llego al puerto. Pronto veo la lonja del pescado y la oficina de turismo, que está cerrada, no sólo por la hora, sino también porque no tiene dotación de personal del ayuntamiento que, como ya he dicho, está en el interior. 


Esto me hace recordar que alguna costa desatendida por su ayuntamiento ya ha sido reivindicada por sus pobladores y desanexionada de su consistorio matriz. Recuerdo el caso de Mazagón, dependiente de Palos de la Frontera y Moguer, que lo reivindicaba cuando por allí pasé “¡Desanexión ya!”, decían las pancartas; no sé cuál habrá sido el resultado de la queja. Otro caso es el de La Mamola, “¡por fin desanexionada de Polopos!”, me decía un vecino granaíno con satisfacción. 
 

Suele ser un problema de inversiones y distribución de recursos que cada comunidad debe negociar. Algunos ayuntamientos de interior se vuelcan en sus costas, pues suele ser una buena fuente de recursos, y otros los explotan para mejorar el centro de su ciudad. Para mí esta oficina de turismo sin nadie para promocionarlo, puede ser un ejemplo de que aquí algo tiene que pasar. 


Le pregunto al de información portuaria, quien me dice: “me sabe mal no poderte ayudar”, pues es de Palma y no conoce bien la zona. Estoy preguntando por cómo llegar al faro del Cap de la Mola y, el del puerto pide ayuda a un paseante, quien me dice que vaya por la carretera que empieza a ascender a pocos pasos. Una vez conocido qué rumbo debo tomar, me voy a desayunar, que ya es hora. Ya llevo caminando tres horas.

La Consigna. Nadal y Contador
La consigna que me dio la doctora dietista en un curso llamado “Cocina Sana”, que era un combinado de clases de cocina y de dietética y nutrición, muy interesante, era que todos los días hay que hacer cinco comidas, para que el cuerpo no sufra y para poder distribuir adecuadamente a lo largo del día todos los nutrientes y vitaminas que el cuerpo necesita. Yo, aunque comparto el criterio, sabiendo cómo es mi viaje, prefiero no mimar en exceso mi cuerpo, no dándole todo lo que me pide cuando me lo pide (parece que estoy hablando de mi cuerpo como si no me perteneciera). De esta forma, cuando no hay nada para comer, no me dejará tirado. Bueno, entro a desayunar en La Consigna, como una coca de trempó, que lleva tomate, pimiento y cebolla, que está riquísima, un pastel borracho, que me resulta algo menos bueno y un vaso de leche con descafeinado. Son 4,90 y dejo 5 €. Me pongo a escribir. Veo que, aunque Nadal ganó, perdió el liderato. Un chico me explica cómo es el sistema de puntos. Cuando empieza un torneo, los puntos que habían obtenido el año anterior los jugadores, les son restados y, hasta que no finalice, si es que vuelve a ganar el mismo, no se restaura la clasificación. Al inicio de este torneo, el que ganó el año anterior es al que más puntos se le restan. Mañana jugarán la final Jókovic contra Nadal. Allí se verá quien se pone de líder. Hoy comienza también el Tour de Francia con Contador como favorito. Son las 11:45 h cuando voy a coger agua al WC. Salgo para la Mola.

La Mola. El faro cercado
Me dirijo hacia el faro del Cap de la Mola. Se podría decir que aquí empieza el Oeste de la isla de Mallorca. No será el que está más a Poniente, pues por la tarde veré el Cap des Llebeig, desde lejos, pues está en la Illa de sa Dragonera, que mañana visitaré. Éste de la Mola va a ser un faro que me va a costar encontrar. Paso por la playa de Port d’Andratx y saco foto hacia la bocana. En una plataforma han puesto un restaurant que parece flotando en el mar. 

Luego del puerto, que ya he fotografiado al llegar, la costa se va volviendo de rocas a las que, en algunos lugares, han completado con más plataformas, donde hay gente, poca, que toma el sol y donde, al regreso, me daré un baño. Éste sí será el segundo del día, tras el matutino de Cala Fornells. Parece que el concierto fue hace siglos. Ya ascendiendo por la carretera en cuesta, en un espacio al mar, fotografío la punta del Cap de la Mola y, al fondo, la del Cap des Llamp. En foto del propio cabo donde estoy, se ve cómo en las paredes del acantilado, casi colgando en el precipicio, también están construidas algunas casas-colmena. Para acceder a ellas, han tenido que construir unas carreteras labradas en la roca. 


Pero todavía me queda bastante cuesta que subir. Me ayudo con las señales-guía para ciclistas. Más arriba encuentro una torre bastante bien conservada, aunque ha perdido el voladizo superior, si alguna vez lo tuvo. Lo que sorprende es que no haya pasado a ser propiedad privada en espacio privado. Cuando llego a la cima, no encuentro el faro por ningún lado.


Será el mayor desastre de faro que he visto en lo que llevo de las dos islas. Es inexpugnable, pues está metido entre las casas que han construido alrededor que resulta imposible encontrarlo. Ha sido sometido a un cerco. Todos los faros, normalmente, están en espacios abiertos y se ven desde muy lejos, pero éste de la Mola es la monda. Me quejo de los que han construido sus casas allí pero, más todavía, de quienes les dieron licencia para construirlas. Lanzaré la queja en el restaurante, cuando coma, y la respuesta va a ser de juzgado de guardia. ¿Qué plan urbanístico permitió semejante desaguisado? Los poderes públicos debieran velar por que estas fechorías no se produjeran. ¿Quién defiende a los ciudadanos? ¿Quién vela por preservar el paisaje? Según se ve aquí es el poder de quien tiene dinero el que prevalece. La ley del “yo pago, yo tengo derecho”. Un municipal de Sant Elm me dirá: “nada se pudo hacer contra el que construyó la magna casa que está junto al faro de la Mola y la sentencia, cuando se presentó el caso a los tribunales, fue favorable al constructor”. 
 

Quitaron la razón a los demandantes. Habría que conocer bien el proceso y tener los datos de por qué fue así la sentencia del juez. Yo no soy experto, sería mejor que quien sabe investigue. Si miramos el monte que está en el lado Norte de la bocana del Port d’Andrax está todavía más construida que en el lado que está el faro. 

   

Lo comento y me dicen que los habitantes del municipio están contentos porque, los que construyen las casas, viven aquí, o son para gente que viene de vacaciones aquí, consume aquí, y disfruta de la hostelería de aquí, dejando aquí su dinero. No me parece suficiente argumento, como para permitir por esa razón que destrocen la belleza de la isla que, junto a la buena climatología, es su mejor atractivo. 
 

Entraríamos en el juego peligroso de: “Pan para hoy y hambre para mañana”. Cuando encuentren destinos mejores, soleados y más bellos, se irán en su búsqueda y nos dejarán sin posibilidad de resolver ya lo que les hemos dejado hacer mal. ¡Pero que cada cual defienda su municipio! ¡Yo bastante tengo con pelear en el mío! Por fin consigo llegar al faro, al que veo entre casas y al que me puedo acercar hasta la verja de acceso. El faro no tiene ningún interés para mí, después de haber peleado tanto por verlo. Si lo tiene, será como guía de navegantes, pues el punto es estratégico. 

Abandono el faro y me asomo por otro lugar hacia Cap de Llamp y ya, muy a lo lejos, se aprecia entre bruma la illa del Toro y Es Banc d’Eivissa. Asomado por otro hueco y en la misma dirección, saco foto de la terraza de una casa y, de nuevo, el Cap de Llamp. En una de sus paredes más próximas se observa un efecto que no parece sea fruto de la erosión, sino de algún intento de macroconstrucción que, por lo que se ve, no se llevó a cabo. No tengo información ni datos para confirmarlo, pero me recuerda a la pared retranqueda de Aguadulce, en el ayuntamiento de Roquetas de Mar, donde la protesta de los vecinos consiguió que aquel proyecto se paralizara. Y no hablemos del macrohotel del Algarrobico, en el municipio de Carboneras, construido en espacio del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar y que nadie sabe qué ocurrirá con él. Los tribunales dictaron sentencia en contra, pero mucha gente del pueblo quiere que se ponga en marcha, para colocar allí a sus jóvenes y atraer turismo. ¡Ya veremos en qué acaba la historia! Para variar de tema y alegrar el cabreo que llevo, fotografío esta bonita buganvilla. Me paso hacia el otro lado y la terraza de otra casa me permite ver entre pinos, la primera visión incompleta de la isla de Dragonera. 


Por la tarde la veré mejor y de más cerca. De momento esta foto sirve para saber que ya me estoy acercando al inicio, a las estribaciones de la Serra de Tramuntana. Aún sacaré otra foto de una mansión que no sé si es la que no me ha dejado ver bien el faro. Es una construcción recia, muy peculiar que, aunque no guarda los cánones de las construcciones isleñas, maneja rectas y curvas con cierta gracia. Una cosa es que no apruebe su ubicación y otra distinta es que no sepa apreciar su encanto. Se ven dos garajes, zonas ajardinadas, tres pinos piñoneros… En fin, que me gusta y la fotografío, y me voy alejando del Cap de la Mola.


Retorno a Port d’Andratx. Dani




Bajando de nuevo hacia el puerto, paso por otra casa, en que lo que me llama la atención es su puerta. Da la sensación de ser una puerta moderna pero que se han preocupado de introducir elementos antiguos que le dan una apariencia de antigüedad. La fotografío, aunque no tengo más argumentos para asegurar o no su valía. A lo mejor es realmente una puerta antigua, reubicada en una mansión moderna. Un poco más adelante y al otro lado de la carretera, encuentro otra mansión, cuya casa no veo pero sí los muretes bien encalados en blanco. También aquí destaca del blanco su puerta oscura, que también parece antigua y que tiene aldaba metálica de hierro y algún detalle más de solera. A lo mejor también me está dando el pego. Poco a poco se me va pasando el enfado, pues no me conduce a nada. Me encuentro con Dani que también baja la misma cuesta y hago un tramo del camino con él. Dani es un argentino que trabaja como pintor en el gremio de la construcción. 

Ayer, como era sábado, terminó su trabajo y, para ahorrar y porque se lo permiten, se quedó pasando la noche en la obra. Hoy, como es fiesta, baja a Palma en autobús. Allí tiene a su hijo, que vive con su madre. Está separado desde hace años. El niño tiene 10 y lo ve cuando quiere. “Aunque hay incompatibilidad de caracteres, en este sentido, se comporta civilizadamente”, me dice. Cuando estamos llegando al puerto, me señala el lugar perfecto para que baje a las rocas sin necesidad de que vaya al puerto y tenga que retroceder. Me indica como muy interesante la Cala Basset para cuando pase Dragonera. Me despido de Dani agradecido por la información y él se va a tomar una cervecita puesto que tiene tiempo hasta la hora del autobús.


Segundo baño del día en las rocas de la bocana
Bajo a la playa por donde me ha dicho Dani y me desnudo en las rocas. Me doy un baño y me seco al sol. Enfrente, un hombre en su barco habla a través de su móvil. Hoy no tengo llamada ni de Sagrario ni de Vera. Poco antes de las dos me visto y me voy. Al volver hacia el puerto, hay una pareja y un solitario tomando el sol en las rocas y plataformas siguientes. Cuando he pasado toda la zona de rocas, me vuelvo para sacar foto de la zona en que he estado, que es la del fondo. El sitio era muy tranquilo y, cuando he bajado de la carretera, el acceso no ha sido fácil, así que he estado sólo durante este rato. Sólo me podían ver de la primera casa de este lado del acantilado.


Restaurante Rocamar
Hoy es mi último día de Sur en la isla, puesto que mañana ya iniciaré mi ascenso hacia las estribaciones de la Serra de Tramuntana, de hecho, sa Dragonera, sería su coletazo más Sur. Como ya me ocurrió al doblar, de Este a Sur, el Cap de Ses Salines, donde gasté en un día lo que no gano, 140 € entre cena, hotel y visita a Cabrera, hoy entre comida, hotel y visita a sa Dragonera, serán unos 125 €. Volvamos aquí y ahora. Entro en el Rocamar que es el primero que veo y se me antoja una parrillada de marisco. Creo recordar que la última que comí fue en Tossa de Mar en verano de 2009, dos días antes de que me rompiera el peroné. Decido celebrar el paso del Sur a Poniente. Soy incapaz de terminarlo y lo que dejo me lo ponen para llevar. No va a ser ningún acierto. Me atienden muy bien, también los jóvenes, pero en especial el camarero más madurito. Es el que me habla del dinero que traen a la isla los propietarios de las casas construidas que yo considero en exceso y que afean el paisaje, pero no voy a volver con la misma monserga. 
 

Saco foto a la mariscada antes de empezar a comerla. Como la ración de marisco es demasiado para uno solo, aunque va a ser incómodo llevarlo hasta Sant Elm, me lo preparan para llevar. Lo cenaré en el hotel. El camarero me ha dicho que las almejas y los mejillones los traen de fuera, pero tanto gambas como cigalas son baleares. Está orgulloso de la calidad de su gamba roja y me agrada que lo esté pero, ni por su sabor, ni por su textura, me gusta más que las que comemos por el Norte. Pago con tarjeta Visa 53,46 €, me despido y me voy.
S’Arracó
No van a ser muchos kilómetros, pero se me van a hacer pesados, ya que todo el recorrido lo voy a hacer por el interior, sin baños posibles. La carretera apenas tiene arcén en la última parte. Paso por un brazo de mar estrecho, pudiera ser un río, que hace las veces de embarcadero, donde están amarradas motoras a ambos lados. El río viene de Andratx y de s’Arracó. 

 








Más tarde paso por una fábrica de cerámica. Lo que ofrece al caminante son unas enormes tinas de barro, unas grandes ánforas, que no puedo resistirme a fotografiar. Parecen actuales, no creo que sean de factura romana, pues no están deterioradas y si fueran antiguas estarían a mejor recaudo en algún museo de la zona. 

El paisaje se va volviendo más de secano y paso por un terreno en plataformas con hierba cortada haciendo gavillas y unos puentes que me parece sean posibles conductores de agua. Abandono el cruce hacia Andratx y me dirijo hacia s’Arracó. No entro en s’Arracó, lo soslayo y sólo saco foto a lo que veo de la torre de la iglesia. Una chica natural de allí me dirá dentro de unos días que debiera haber entrado, que bien merecía una visita. Aquí en el interior hace más calor y ya voy con ganas de llegar a Sant Elm. 


Me hace gracia este nombre que equivale a nuestro San Telmo. El juego que da esa “t” que baila de un sitio al otro. Como ocurría con Sant Tomás, que en el País Vasco le añadimos una “o” al Santo. Pero en este caso no le llaman Sant Omás. Saliendo de s’Arracó, encuentro un coche de policía municipal. Busco y encuentro al policía y le cuento la falta de Oficina de Información, mejor dicho, de empleados que la atiendan pero que, en realidad, es como no tenerla y la poca ayuda que me ha podido facilitar el de información portuaria, aunque ha puesto interés en decirme lo que sabía. Este policía me dice que hay pocos albergues en marcha en la sierra de Tramontana. Que en Sant Elm no hay ninguno, sólo un hotel y un aparthotel. Me añade: “y no se puede dormir en la playa”. Afirmación que se la rebato y se calla.

Sant Elm. Hotel Aguamarín
Me despido agradecido del policía municipal y voy llegando a Sant Elm. En el primero, el hotel, me piden 62 € por la habitación y el desayuno. Me parece excesivo y me voy al otro, donde por lo mismo será bastante más, 90 €. Así que, visto y oído, retorno al hotel Aguamarín. Tengo necesidad técnica. Tras el hotel de Palma, han transcurrido cuatro jornadas de dormir al aire libre y acepto lo que hay. Me dan la habitación 309, que mira al mar y tengo debajo del balcón la playa, donde están las hamacas del hotel, de las que no haré ningún uso.
 

A mano derecha está la illa de Pantaleu y al fondo sa Dragonera, de la que dejo de ver sus dos extremos, puesto que el Sur me lo tapa Pantaleu y el Norte el propio Norte de Sant Elm. La encargada de recepción me vende el billete de barco para pasar a Sa Dragonera mañana a las 10:15 y se lo pagaré por la mañana, me ha dicho, pero voy a intentar que sea hoy. Voy llenando la bañera con agua templada más que nada para remojar mejor los pies y poderme quitar los pellejos muertos y restos de las ampollas. Dejo la ropa sucia a remojo y, cuando salga de la bañera la lavaré. Estoy todo el tiempo en bolas, puesto que del mar no me puede ver nadie, e incluso salgo al balcón pues los vecinos, los únicos que me pueden ver desnudo, no salen al balcón en ningún momento, aunque oigo sus voces desde mi habitación. Confío en que, por la noche serán más silenciosos. Una vez aseado y seco, me tumbo un poco sobre la cama, pero temo dormirme y me levanto. Para dormir está la noche. Oír el romper de la ola desde aquí arriba me resulta sumamente grato. Es un sonido repetitivo, monótono, capaz de amansar a las fieras. Me pongo a escribir. A las 21:15 h ya se ha puesto el sol tras Dragonera y saco tres instantáneas. Dejo de escribir el diario y escribo postal a mi prima Isabelita que cumple años el 7, el día de San Fermín. Será el año que más puntual la voy a echar al buzón. 


Salgo a la mesa del balcón, para comer el marisco que me queda, bien sentado en una silla. Cuando acabe y salga a tirar los desperdicios para que no quede nada del fuerte olor a marisco en la habitación, tomaré una cañita de cerveza. Ahora puedo prescindir de ella. En la cena sigo desnudo. Aunque el sol ya se ha fugado tras Dragonera, ceno mirando la isla, la más pequeña que me queda por visitar. 


Sigo oyendo voces y duchas en la habitación contigua, pero sin ver a nadie. Un cristal opaco nos separa y aisla. El resto de habitaciones quedan en chaflán. Doy vueltas al magín para ver qué haré mañana por la tarde tras la visita a Illa de sa Dragonera. Cuando acabo de cenar los restos: sólo quedaban ocho mejillones, una cola de cigala y cuatro gambas rojas, me lavo bien las manos, retiro todos los restos, los meto en una bolsa y la cierro para que no trascienda el olor. 


Cuando baje la tiraré fuera a un contenedor. La gente hace tiempo que ya ha desaperecido de la playa. En medio del paseo de la bahía se ve a una parejita haciéndose carantoñas. Tres púberes en la orilla juegan a echarse agua. Se avecina un anochecer tranquilo. Me visto y salgo para tomarme la cerveza. El mueble bar de la habitación está cerrado con llave y no veo ninguna para poder abrirlo. Me hubiera venido bien para enfriar el agua de mi botellín.


Información sobre Parc natural de 
sa Dragonera
Cuando bajo, todavía está en recepción la mujer que me ha atendido. Le digo que prefiero pagar y dejar la deuda liquidada por si me roban o por si pierdo la cartera que no sería la primera vez, como en Ayamonte. Pago con Visa 72 € donde ya está incluido el billete del barco para Sa Dragonera. Como la recepcionista es de aquí, me ayuda a mi programa de mañana por la tarde. Primero me dice dónde debo coger la barca. “Suele estar dispuesta antes de la hora -me dice- y da prioridad a los que van ya con el billete”. Dentro de la isla de Dragonera hay tres recorridos: Uno es de una hora y se hace por su lado Norte, hacia el Cap de Tramuntana, otro de dos horas 40 minutos que lleva al Cap de Llebeig, que también es faro, y es el que está más al Sur, y el tercero de 3 horas y que sube al faro Vell, el más alto, y que nunca se usó como tal. Dice que este último es el más interesante. Mañana decidiré. Todo dependerá de la hora de regreso de la barca que me asignen. También me dice que los tres recorridos no los podré hacer. Me regala postal de la Margarita que es la barca que nos hará el traslado y que me parece tiene un precio caro para la poca distancia a recorrer. Dragonera es parque natural y la zona marina de influencia coge, de Sur a Norte, las islas de Pantaleu, Mitjana, próxima a Sant Elm y dos más, próximas a la isla al norte de Na Miranda. No sé si responden al nombre de Els Calafats.

Información sobre qué haré mañana por la tarde
La recepcionista, Katy, me habla ahora de cómo puedo avanzar hacia la Serra de Tramuntana. Me proporciona un plano casero que me permitirá llegar a Cala en Basset de donde podré continuar hacia Sa Trapa y Estellencs. Luego Juan me dirá que llegar a Estellencs me va a ser imposible si estoy en Dragonera hasta muy tarde. Me dice la señora que, para no ir cargado, deje la mochila grande en recepción del hotel y, al regreso, la recoja. Aunque no estará ella, habrá otro recepcionista para dármela.

Paseo nocturno por Sant Elm
Salgo a la calle y echo la bolsa con restos de marisco al contenedor de basuras, y la postal para Isabelita en el buzón de correos. Entro en un bar, el Vell Marí, y bebo una caña de cerveza por 2 €. El barman limpia copas y habla en inglés con una pareja que bebe chupitos de hierbas con hielos. Doy una vuelta por el pueblo. Unas terrazas están animadas, otras sin gente y recogiendo. Veo un pequeño Market para mañana, que abren para las ocho, tiene panadería, así que me podré hacer un bocadillo y comprar zumo Don Simón manzana. ¡Qué felicidad! Sin tener que preocuparme, pues ya lo resolveré mañana y, como ya he comido el marisco, tampoco me debo preocupar de buscar sitio para cenar. Me resulta grato el ambiente tranquilo del pueblo. Un poco antes del Market, hay un último restaurante de la zona Norte. Voy de regreso y entro en el bar donde la que lleva la barra es una cordobesa. Le hablo de la pugna entre Córdoba y Donostia por llevarse la capitalidad europea de la cultura para 2016. Ella me menciona también Burgos, aunque yo creía que ya había quedado descartada. Me ofrece hierbas secas, que están ricas y pago 2,50 €. Como no quiero que le ponga hielos, da pie a que hablemos del pastiche de los franceses, con su Pernod y su Ricard. Ella pensaba que pastiche era también una marca similar a las otras dos. La de Córdoba me da un plano a mano de los tres recorridos por Sa Dragonera. A ver cual es mejor, si el del hotel o éste. Mañana me apoyaré en los dos. Entra una cuñada que es portuguesa pero, aunque intento entablar conversación sobre lo que conozco de Portugal, la mujer da poco juego. Cuando entra Juan, me parece otro extranjero más. Cuando ve mi interés en saber cosas de la isla, se ofrece a yudarme en lo que sabe. Sobre los refugios me dice que, aunque no haya reservado y estén completos, nunca me dejarán en la calle, puesto que en la Serra de Tramuntana hace mucho frío por la noche. Que están anunciando lluvia y que lo tenga en cuenta. Que si hago la bajada por el torrent de Pareis a Sa Calobra, que tenga en cuenta que la lluvia desaconseja, más bien prohíbe, hacerlo. La Guardia Civil no me dejará ir solo. Se muestra escéptico para considerarme un buen caminante, por lo desinformado que voy. Trato de convencerle de las ventajas. Acrecenta mi capacidad de asombro, el factor sorpresa, me da más libertad. La cordobesa ha sido sustituida en la barra por un hombre, ¿su marido quizás? Es un hombre curioso. No le entiendo absolutamente nada de lo que me dice, parece como si hubiera tomado una actitud entre defensiva y atacante o quizás haya soplado más de lo conveniente. Como no lo conozco, no puedo aventurar, pero parece que también quiere añadir algo a lo que Juan me está diciendo. Lo más gracioso es que se trata de un nuevo Toni. El enésimo en mi largo periplo viajero. Salgo del bar con Juan, sin ver ni despedirme de la cordobesa, y me desea suerte. Regreso al hotel.

Noche de hotel con cama
En recepción ya está el del turno de noche. Son cerca de las doce. Subo en el ascensor. Meto las prendas dentro de la habitación para que se sigan secando y las tumbo semisecas sobre la cama de al lado, con el fin de que el relente de la noche no me las humedezca más. Hago un pase de canales en la tele, todos extranjeros y leo la carta. En el Eurosport hay boxeo. Ya le había visto buscándolo a un extranjero en un bar. En vista de lo cual, apago el aparato y dejo preparada la pastilla sobre la mesilla para no olvidarme de tomarla mañana. Dejo abierto el ventanal y me acuesto desnudo con sólo la sabanita por la tripita. A través de la persiana puedo oir la música de la ola al romper en la orilla. Sólo me levanto una vez a orinar y duermo como un lirón. Me temía que la cerveza y el chupito, que a mí me suele funcionr como diurético, me jugara una mala pasada. Mañana será otro día.

Ya en Poniente. Balance del día
Sin avanzar demasiado, la jornada de hoy ha sido intensa. El mayor cabreo me lo he llevado buscando el escondido Cap de la Mola y quizás lo mejor hayan sido las ayudas de la recepcionista del hotel y la de Juan en el bar de la cordobesa. Un bonito baño matutino en la Cala Fornells, la imposibilidad de hacerlo en Cala en Crane y bien en las rocas de la Badia de Andratx. No ha estado mal la subida a la torre del Cap Andritxol y el encuentro con Manuel y su perro. Y Claudia Schiffer se fue… ¿Compensado con Morthimer, el culo de mal asiento? Irlanda, Andorra, Mallorca y a volar… Me duermo en lugar tranquilo. Sant Elm me produce sosiego, pensando en el recorrido de mañana por Sa Dragonera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario